Un libro de cine (y videojuegos)

Un libro de cine (y videojuegos)

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Descubrí a José María Villalobos en el otoño de 2009. Allí estaba, sobre el escenario, usando una PSP como mando a distancia y describiendo detalladamente todo cuanto ocurría tras de sí en aquella enorme pantalla de una sala de conferencias del Recinto Ferial San Carlos IFECO de Córdoba. Aquella charla, enmarcada dentro de la Feria de la Innovación, Videojuegos y Entretenimiento Digital (FIVED), no pasó desapercibida para mí. Resultaba cuando menos sorprendente la manera en que aquel joven de barba espesa y sonrisa socarrona deleitaba al público presente con fragmentos de películas y videojuegos, mientras reflexionaba acerca del vínculo -aparentemente invisible a los ojos de cualquiera pero absolutamente innegable tras sus explicaciones- entre Buster Keaton y Super Mario, por citar tan solo uno de los muchos ejemplos que aquella tarde desgranó frente a la pantalla. No había duda de que aquel conferenciante tenía un talento innato para captar la atención del público, despertar su interés y provocar alguna que otra sonrisa con las muchas anécdotas extraídas de ese extraño idilio entre el cine y los videojuegos en el que José María Villalobos había centrado su mirada analítica desde hacía ya algún tiempo. Yo pasaba por allí.

Un tiempo después se precipitó nuestro encuentro. Yo andaba ojeando las estanterías de videojuegos de cierto establecimiento cuando alguien se acercó para advertirme de las virtudes y fatalidades que escondían algunos de los títulos allí expuestos en los que había fijado mi atención. Sus consejos desencadenaron más preguntas, y pronto nos vimos envueltos en una larga conversación sobre el ocio interactivo. Entonces caí en la cuenta. Aquel era el mismo tipo que unos meses atrás había captado mi atención con sus observaciones sobre los lazos que unen el videojuego y el séptimo arte. El mundo es un pañuelo, sí. Nos dimos los teléfonos. Y así, sin más, comenzó una amistad que hoy nos traído hasta aquí.

En medio quedan otras muchas charlas alrededor siempre de una cerveza… o varias, con la música, el cine, los videojuegos o los libros como Leitmotiv. José María Villalobos siempre ha defendido otra forma de escribir sobre videojuegos y así lo ha plasmado en sus muchos textos que pululan por la red. No es licenciado en periodismo, pero lleva un periodista dentro. Casi podría considerarse un embajador de ese periodismo narrativo que defiende Leila Guerriero. Un periodismo construido, más que sobre el arte de hacer preguntas, sobre el arte de mirar. Porque Villa -como a sus amigos nos gusta llamarlo- tiene una preciada capacidad de observación que le convierte en un infalible cazador de anécdotas que luego incluye en sus textos. Ver para interpretar. Porque Villa se mueve como pez en el agua en cada texto interpretativo, analizando cuanto ve, desenmascarando secretos que a simple vista no son apreciables para el resto de los mortales.

Declarado amante del cine y los videojuegos -esas alegres mariposas que revolotean en su estómago, como él mismo dice-, Villa lleva ya bastante tiempo preocupado por construir un discurso coherente acerca de esa historia paralela que han vivido ambos medios, cada cual a su modo y en momentos históricos diferentes, pero con demasiados nexos comunes que, si no los convierten en hermanos gemelos, sí al menos en primos cercanos.

A finales del siglo XIX se hizo realidad lo que para muchos había sido tan solo un sueño: la posibilidad de captar y mostrar imágenes en movimiento. Así, apareció el cine, como una extraña atracción de feria que con el tiempo se convertiría en un nuevo entretenimiento de masas, contradiciendo los presagios de quienes creyeron que aquel invento no pasaría de ahí. Casi un siglo después, los videojuegos hicieron acto de presencia para ofrecernos la oportunidad de interactuar con todo lo que aparecía en la pantalla. Llegó entonces la revolución. Y así lo indica José María Villalobos en la introducción de este libro: “El mundo cambió cuando abandonamos nuestro cómodo asiento y traspasamos la pantalla, cuando dejamos de ser espectadores para convertirnos en protagonistas”.

En efecto, los videojuegos han supuesto una revolución cuyo alcance es todavía difícil de definir. Constituyen una nueva forma de expresión artística que ha bebido y sigue bebiendo del cine -y de otras artes- en la búsqueda de un lenguaje propio. Pero esa influencia es recíproca, y el cine también ha querido y sabido apropiarse de ciertos elementos propios del ocio interactivo. Hace ya tiempo que cine y videojuegos establecieron un diálogo transversal. Un diálogo en el que José María Villalobos ha participado como interlocutor.

Sus observaciones han quedado plasmadas en un libro que, como el buen vino, ha de saborearse sorbo a sorbo. Cine y videojuegos: un diálogo transversal ofrece una hoja de ruta para todos aquellos curiosos que quieran coquetear con ambos medios. Reflexiones sobre el tratamiento del guion, la música, el ritmo o los personajes; ejemplos de películas que quisieron ser videojuegos y videojuegos que quisieron ser películas; reseñas de títulos que marcaron un antes y un después; y anécdotas, muchas anécdotas, que lo convierten en un libro amable y ameno, pero no por ello falto de rigor.

Siempre tuve la impresión de que un libro como éste era necesario. Ahora tengo la certeza de que Cine y videojuegos: un diálogo transversal ya se ha convertido en una obra imprescindible.

Texto de la presentación del libro ‘Cine y videojuegos: un diálogo transversal‘ celebrada en Fnac Sevilla el 28 de enero de 2015.

Isaac López Redondo

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