Dentro y fuera (al mismo tiempo)

Dentro y fuera (al mismo tiempo)

Estimado DFW,

Tengo entendido que a usted le gustaba intercambiar correspondencia con ciertos autores a los que admiraba y que de esta forma, además de ahorrarse una buena pasta en terapias, se tomaba descansos de media hora que seguían contando como Tiempo De Escritura, esa maldita responsabilidad que nos persigue a todos los que intentamos, con más torpeza unos, con absoluta genialidad otros, escribir a diario. Escribir en formato epistolar es como pedir disculpas antes de cagarla; te permite exponer sin necesidad de dar explicaciones todo “lo que pasa por dentro”, que es “demasiado rápido y enorme” y está “completamente interconectado” como para conseguir estructurarlo en forma de artículo de opinión u análisis. En otras palabras, me permite decir lo que me venga en gana sin que la idea de que me tomen por loco, o peor, megalómano, vaya de la mano de la idea de que sea responsabilidad mía.

Antes de seguir, una confesión: me gustaba más su máscara de escritor de no ficción que la de novelista. Admiraba su habilidad para sumergirse en una situación, penetrar hasta las entrañas de la historia, empaparse de toda la jerga y los tecnicismos y los datos históricos y al mismo tiempo seguir siendo un perfecto extraño, un invitado por compromiso que antes de marcharse porque ya no soporta más estar en la fiesta le da un buen repaso al vino y a los canapés y dispara instantáneas mentales precisas y saturadas de color de todo lo que ha pasado mientras soportaba el peso de la situación. Me hace pensar que el periodismo, la crítica, el ensayo…, la no ficción en definitiva, pierde calidad, precisión y valor narrativo conforme pasa de ligue a relación estable. Esa pasión descargada con intensidad, casi locura, sobre la amante, que dura una semana, un mes o dos. Esa necesidad temporal de estudiar en profundidad sus gustos, sus inquietudes, su pasado, que se convierten en el espejo donde examinar nuestro carácter. Y luego esa frialdad, ese abandono cuando la peli ya está muy vista: la ruptura. ¿No es así como debería actuar un escritor?

10744718_10205014595462332_1940939429_n

Pongamos que hablo de, qué sé yo, los videojuegos. Sé que le sonarán a marcianada, pero como analista de los desenfrenos de la sociedad contemporánea en cuanto a las formas de entretenimiento y sus efectos narcóticos y de esa falsa promesa de placer casi catártico que promete el marketing a través de los m.m.c.c., sospecho que le interesarían. Casi todo escritor que aborda el tema “videojuegos” que conozco lo hace a expensas de cualquier otro fenómeno, no ya de la vida cultural, sino de la vida misma. Por supuesto, esto les confiere una precisión de francotirador a la hora de analizar pasado, presente y futuro del medio de marras, pero… ¿para qué? ¿A dónde conduce esa especie de monogamia obsesiva? Hace poco fui a un taller de escritura creativa (no le digo el género; no quiero que me tache de la lista en mi primera tentativa de escribirle). Dijeron que lo más importante, para quien quiere escribir, no es hacer poesía con las palabras, sino vivir la vida de forma poética. Esto es, real. Vivir así es encarnar la propia poesía. Debo confesarle que no me parece que la gente que dedique toda su atención y energía a un solo tema de conversación (escribir es conversar, en eso estaremos de acuerdo) lleve una vida muy real. Ni siquiera sabría qué decir de los que dedican toda su vida a escribir, dicho en general (no se ofenda), pues me recuerdan a quienes no hacen el más mínimo esfuerzo por viajar a todos los rincones posibles del planeta, no por amor a su tierra, sino precisamente por miedo a descubrir que aquello que creían que era amor no era más que conveniencia.

¿Cómo lo hacía usted? ¿Cómo profundizar en un tema desde la periferia? ¿Cómo ser El Observador Que Todo Lo Sabe y después, ¡pluf!, simplemente desaparecer de la escena del crimen? ¿Cómo estar dentro y fuera al mismo tiempo? Me gustan los videojuegos. Me apasionan los videojuegos. Pero quiero hacer algo para que cuando alguien me pregunte “¿de qué escribes?” y yo responda, la otra persona no ponga los ojos en blanco. Que lo haga si es un cretino, ahí no puedo intervenir, pero no porque, en el fondo, algo de razón lleve. Usted escribió sobre la pornografía y sobre los teoremas de incompletitud de Gödel, sobre la televisión y los megacruceros, sobre el rap y las langostas, sobre las campañas electorales y el 11-S. Y sobre el lenguaje, claro, su Gran Tema. Es curioso cómo el discurso de aquel spot de PlayStation sobre la doble vida (quizá lo viese mientras comenzaba a escribir El rey pálido), antaño justo estandarte de una generación que reivindicaba su espacio en la cultura de masas, ahora se me antoja desfasado y el “signo revelador” de esa generación, con tanto miedo a decir lo que en realidad quiere decir que está en serio riesgo de olvidar que tenía algo que decir. Está bien, el videojuego ya ha entrado en la vida cotidiana. Ahora le toca relacionarse con los demás elementos, no ser el que se sienta en una silla al lado de las bebidas en la fiesta. Y de eso solo pueden encargarse quienes le insuflan vida a diario con sus textos y reflexiones. En definitiva, abogo por un salto en ese discurso. Pasar de la doble a la triple vida. La tercera sería aquella que vivimos alejados (al menos en espíritu) del sistema que nos alimenta y al que alimentamos, pero también, y a eso voy, de la simulación que actúa como supuesto bálsamo de la primera, que nos atrapa como la gran broma infinita del siglo XXI. Hay espacio para una tercera, en la que vivimos de forma real y poética y nuestras experiencias son agradables y desagradables y nos perdemos y nos encontramos y sentimos miedo y saltamos al vacío sin cascos de realidad virtual; pero lo más importante: hay espacio para que las tres convivan.

Tengo que ir dejándole. Me han pedido que escriba un artículo para este blog y no sé de qué hablar. Ojalá tuviese su habilidad para dar vida a través de la (no) ficción a cualquier conjunto de átomos y moléculas del universo, simplemente con observar desde la cercana distancia. Usted no tocó un videojuego en su vida, pero no se me ocurre nadie que pueda decir con más fuerza que usted aquello de “al menos, puedo decir que he vivido”.

0 Comentarios

Dejar una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información

CERRAR