Aeris, una flor en los suburbios

Aeris, una flor en los suburbios

“Aeris se ha ido. Se acabará el hablar, se acabará el reír, el llorar… ¿Qué pasará con nosotros? ¿Qué se supone que haremos nosotros? ¿Qué haré con este sufrimiento? Mis dedos están adormecidos. Mi boca está reseca. Mis ojos arden.”

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Imposible olvidar las palabras de Cloud mientras sostenía en sus brazos el cuerpo de Aeris, ya sin vida, ante la fría y atenta mirada de Sefirot. Pocas veces en la historia de esta industria se ha logrado conmover tanto al jugador. La rapidez en la que se desarrollan los hechos, lo inesperado de los mismos y el momento tan señalado de la historia en el que ocurren (traumático broche final del primer CD) son solo algunos de los elementos que ayudaron a que la pérdida de la última Anciana aún se recuerde en la actualidad. Pero la mayor de todas las razones fue, sin duda, que la muerte llamaba precisamente a Aeris y no a otro personaje. ¿Cómo una chica de los suburbios consiguió enamorarnos en tan poco tiempo?

Cuando Final Fantasy VII se publicó en 1997, uno de los muchos aspectos en los que destacó respecto a otros juegos de la saga y del género fue precisamente su amplio plantel de personajes. A los siete protagonistas (más los dos opcionales Vincent y Yuffie) había que sumarle una generosa cantidad de secundarios y antagonistas, como los Turcos; miembros de Shinra, como el Profesor Hojo; o el propio Sefirot. Todos tenían una trabajada personalidad que a lo largo de la historia iba reflejándose mediante conversaciones a veces verdaderamente sesudas y filosóficas, muy humanas, que iban mucho más allá de la clásica dualidad entre el bien o el mal planteada en anteriores entregas. Cada uno de los protagonistas evoca en el jugador una serie de sentimientos en función del pasado que se nos va narrando y de lo que va experimentando en la aventura, pero por varios motivos es Aeris la que consigue despertar mayor ternura.

Para comprender a la perfección a este personaje sería conveniente interpretar, en primer lugar, parte de la inmensa cantidad de simbología que le rodea. La revista nipona Famitsu ya reveló en un número posterior al lanzamiento de Final Fantasy VII que el nombre de la Anciana correspondía a la transcripción fonética, al japonés, de la palabra inglesa earth, que significa “tierra”. Quedó la lectura Earisu (エアリス), que acabaría desembocando en el nombre con el que la conocemos en la edición española, y cuyo significado tiene mucha relación con el papel que Aeris desempeña durante la aventura. Las flores, o el color verde de sus ojos son dos elementos más que hacen referencia a la idea de “naturaleza”, del planeta.

Esta chica de 22 años, con descendencia Cetra por parte materna, fue uno de los tres primeros personajes (junto a Barret y Cloud) que Tetsuya Nomura creó para Final Fantasy VII, lo que nos da una pista de la importancia que pretendían darle en el juego. Es a la primera persona que vemos nada más comenzar la partida, justo en la cinemática introductoria en la que luce con una cesta llena de flores tras un primer plano en el que el color verde es el tono dominante. En esa breve aparición ya es posible llegar a varias conclusiones acerca de su personalidad: unos ojos muy abiertos que parecen querer percibir todo el mundo que le rodea, una sonrisa dulce y movimientos pausados y precisos que reflejan serenidad. Incluso su indumentaria puede decirnos mucho: el vestido rosa, por ejemplo, contrasta fuertemente con la minifalda de Tifa y refleja dos formas de ser muy distintas.

Desde los primeros compases del juego se perciben grandes esfuerzos porque el personaje de Aeris llegue al jugador como alguien dulce, con serenidad y un buen corazón. El primer encuentro con Cloud tras el acto terrorista en el Sector 1 es una gran prueba de ello, pues en medio del caos de la explosión y el correteo de los soldados, “la florista” (nombre que por entonces recibe) se muestra tranquila, casi sin comprender el alcance de lo ocurrido debido a su inocencia. Es el propio Cloud el que tiene que aconsejarle que abandone la zona al ver que su vida podía correr peligro. También tendremos oportunidad de comprarle unas flores por un precio simbólico y mantener una breve conversación con ella antes de que se produzca el gran encuentro en la iglesia del Sector 5, donde definitivamente pasará a formar parte de nuestro grupo.

La caída de Cloud es amortiguada por el techo y el macizo de flores de ese templo situado en los suburbios, pero Aeris le quita importancia a los destrozos. Para entonces, la florista ya es un personaje que resulta familiar al jugador, y así nos lo recuerda en la conversación posterior que mantiene con el ex SOLDADO y en la que se muestra alegre e ilusionada de haber recibido una visita, aunque sea de esa forma. La relación entre ambos personajes comenzará a estrecharse e incluso llevará a ella a sentir algunos celos de Tifa en determinados momentos de la aventura, los cuales siempre afrontará con cierta inmadurez, como si se tratase de una chiquilla ilusionada con la posibilidad de estar a solas con Cloud.

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A medida que la historia avanza iremos descubriendo algunos tristes aspectos de su pasado y viviendo otros igualmente desagradables, como la captura de Shinra y su encarcelamiento en el laboratorio, que desembocaría en el primer encuentro con Red XIII. Conoceremos a una joven amable, simpática, tierna, risueña, pero, sobre todo, castigada por un destino injusto que le acompañó desde su nacimiento. Nos dará una lección de cómo afrontar los problemas, y conmoverá a cada jugador con una forma positiva y alegre de ver el presente y un futuro que no se plantea esperanzador.

Todos estos sentimientos, a flor de piel durante gran parte del primer CD de la aventura, se verán muy acentuados gracias a una banda sonora sobresaliente a manos de Nobuo Uematsu, que supo crear la pieza perfecta para reflejar a un personaje tan puro como Aeris. Sobran los reconocimientos para este señor, creador de algunas de las melodías más icónicas y tarareadas de la industria, pero en esta ocasión no está de más decir que gran parte de la belleza que radica en el personaje se debe al enorme trabajo de composición que realizó el japonés. Cada momento de juego tiene una fuerza indescriptible gracias a su música, y si la última escena del disco uno sigue poniendo los pelos de punta es también gracias a él.

La muerte de Aeris a manos de Sefirot, la posterior batalla contra Jenova con la melodía a piano y la escena en la que Cloud la deja caer en el agua permanecerá en la memoria de todos los que alguna vez completaron Final Fantasy VII. Probablemente el impacto nunca hubiese sido el mismo si se hubiese tratado de otro miembro del grupo, porque Aeris era el mayor símbolo de pureza con el que contábamos para completar la aventura. Que nos abandonase tan pronto no era sino un mensaje al jugador de que el bien no siempre triunfaba sobre el mal, y eso se traducía en un gran sentimiento de impotencia casi novedoso en la industria de los videojuegos. Por eso aún se le recuerda. Por eso aún se inventan fórmulas para que Aeris reviva. Por eso una inocente florista de los suburbios se convirtió en leyenda.

Alejandro Redondo

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